Enfermedad inflamatoria intestinal en gatos

Una creencia común entre los propietarios de gatos es que limpiar el vómito del gato es normal. Sin embargo, los vómitos frecuentes nunca deben ignorarse y pueden ser un signo de un problema subyacente. Si su gato tiene vómitos crónicos, puede estar sufriendo una enfermedad inflamatoria intestinal.


¿Qué es la enfermedad inflamatoria intestinal en los gatos?

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una enfermedad gastrointestinal en la que el tracto gastrointestinal está crónicamente inflamado e irritado. Es posible que nunca se identifique una causa subyacente de la EII de su gato, pero la inflamación, en general, es la forma que tiene su gato de responder a algún tipo de lesión interna o sustancia extraña.


A medida que la EII de su gato avanza y las células inflamatorias siguen invadiendo su tracto gastrointestinal, las paredes se engrosan. Cuanto más grueso sea el revestimiento gastrointestinal de su gato, más difícil le resultará absorber adecuadamente los nutrientes de su comida.

Puede haber muchos agentes causantes de la EII en los gatos. Desde un organismo bacteriano, como E. coli, pasando por parásitos intestinales como Giardia spp. y Tritrichomonas, hasta una alergia alimentaria. Aunque no parece haber ninguna predisposición racial a la EII, la mayoría de los gatos a los que se les diagnostica suelen ser de mediana edad o mayores.


¿Cuáles son los signos de la EII en los gatos?

Como la EII es una enfermedad gastrointestinal, los síntomas más comunes son los signos gastrointestinales generales. Pueden ser vómitos, diarrea (con o sin sangre), falta de apetito, pérdida de peso y/o letargo.

Si su gato tiene una EII, puede presentar cualquier combinación de estos síntomas o puede tener sólo un síntoma. Los síntomas que presente su gato también dependerán de la parte del tracto gastrointestinal que esté inflamada.

Los vómitos son indicativos de un problema en el estómago o en la parte superior del intestino, mientras que la diarrea es más común en el tracto gastrointestinal inferior.

Dado que los vómitos son un síntoma de la EII y que algunos gatos sólo presentan un síntoma, si su gato tiene vómitos rutinarios puede ser el momento de que su veterinario le haga una revisión.


¿Cómo se diagnostica la EII en los gatos?

Dado que los síntomas (o síntoma) de la EII son también síntomas de otras enfermedades gastrointestinales, es posible que su veterinario quiera realizar una serie de pruebas para descartar otros problemas.

Los análisis de sangre de referencia permitirán conocer el funcionamiento general de los órganos de su gato, pero el envío de una muestra de sangre a un laboratorio externo para realizar pruebas más especializadas también puede estar justificado si se sospecha de una EII.

Esta prueba comprobará los niveles de cobalamina y folato de su gato, así como los cambios que son indicativos de pancreatitis en los gatos. Los gatos con EII suelen tener niveles bajos de cobalamina y folato y también pueden tener pancreatitis concurrente.

Cuando llame para concertar su cita, es posible que le pidan que traiga una muestra de heces fresca. Esto es para que su veterinario pueda comprobar si hay parásitos intestinales que puedan estar enfermando a su gato. Intente recoger las heces de su gato el día de la cita, ya que la mayoría de los lechos comerciales desecan las heces, por lo que una muestra más antigua puede ser ilegible.

Por último, las radiografías pueden descartar cosas como cuerpos extraños, que pueden alterar el tracto gastrointestinal de su gato, y una ecografía abdominal permitirá saber si los intestinos de su gato están engrosados o no.

Todas estas pruebas pueden ayudar a su veterinario a establecer un diagnóstico de EII, pero no proporcionan un diagnóstico definitivo. Por desgracia, no pueden diferenciar la EII de otro problema gastrointestinal grave de los gatos: el linfoma intestinal.

Para un diagnóstico definitivo de la EII, el veterinario tendrá que tomar muestras del tracto gastrointestinal de su gato. Estas muestras se envían a una biopsia donde un patólogo veterinario las examinará al microscopio para detectar los cambios inflamatorios que sólo están presentes en los casos de EII.

Sin embargo, la obtención de estas muestras de biopsia puede ser invasiva, y algunos veterinarios y propietarios pueden optar por saltarse este paso diagnóstico y tratar la EII para ver si los síntomas se resuelven.

Tratamiento de la EII en los gatos

Dado que la EII puede estar causada a veces por alergias alimentarias, el veterinario puede recomendar una dieta especial para el gato. Puede tratarse de una dieta comercial de “ingredientes limitados” o de una dieta hidrolizada recetada.

Si elige una dieta comercial, es importante escoger una que utilice una proteína “nueva”. Esto significa seleccionar una fuente de proteínas que su gato nunca haya comido antes. La mayoría de las dietas comerciales con ingredientes limitados para gatos utilizan como proteínas el conejo, el pato o el venado.

Las dietas de prescripción contienen proteínas hidrolizadas, lo que significa que se descomponen en sus componentes aminoácidos individuales para que el sistema inmunitario de su gato no las reconozca como un alérgeno potencial.

Tanto si empieza a dar a su gato una dieta comercial como una de prescripción, es de vital importancia que sólo le dé la nueva dieta durante un periodo de 8 a 12 semanas. Esto significa que no hay otros alimentos, golosinas, etc., ya que pueden causar una posible reacción adversa, haciéndole creer que la nueva dieta no está funcionando.

Su veterinario también puede empezar a administrar a su gato el antibiótico metronidazol para ayudar a tratar cualquier bacteria que pueda estar causando los síntomas de la EII. Los corticoesteroides, como la prednisolona, suprimen el sistema inmunitario del gato para que no reaccione de forma exagerada ante un alérgeno o algo potencialmente inflamatorio.

Sin embargo, el uso de esteroides a largo plazo en los gatos conlleva sus propios problemas, por lo que su veterinario le indicará cómo reducir la dosis para que le dé la mínima cantidad posible y le proporcione alivio.

Si su gato no se recupera con el tratamiento médico y nutricional, su veterinario puede reconsiderar el diagnóstico de EII de su gato. Lamentablemente, si este es el caso, usted y su veterinario tendrán que considerar la posibilidad de que los síntomas de su gato sean el resultado de un linfoma intestinal.

La EII en los gatos es una enfermedad que no puede curarse del todo, pero con una alimentación y una medicación adecuadas, los síntomas de su gato pueden controlarse bien. Si le preocupa la posibilidad de que su gato tenga EII, hable con su veterinario.

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